miércoles, junio 14, 2006

JULIO RAMON RIBEYRO, EL DECALOGO

Ribeyro cultivó muchos géneros literarios, sin embargo, el que más éxito y reconocimiento le dio fue el cuento.

Escribió nueve libros de cuentos a lo largo de su vida: Los Gallinazos sin Plumas (1955) / Cuentos de Circunstancias (1958) / Las Botellas y los Hombres (1964) / Tres Historias Sublevantes (1964) / Los cautivos (1972) / El Próximo Mes me Nivelo (1972) / Silvio en el Rosedal (1977) / Sólo para Fumadores (1987) / Relatos Santacrucinos (1992).

Toda su obra cuentística se encuentra reunida en los cuatro tomos publicados por el sello “Jaime Campodónico Editor”, bajo el estupendo título LA PALABRA DEL MUDO, que no es ni más ni menos que la palabra del pueblo, de aquellos que no pueden ser escuchados, puesto que es eso precisamente lo que hace Ribeyro a través de muchos de sus cuentos, darle voz a los pobres, a los marginales a aquellos que nunca son escuchados, aquellos que son mudos a pesar de tener una voz.

Entonces, es innegable decir que con sus varias décadas de experiencia en el difícil género del cuento, Ribeyro es, por decir lo menos, un maestro, es por eso que en este post compartiré con ustedes, queridos lectores, el decálogo del perfecto cuentista desarrollado por él.

Servido.
1. El cuento debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho para que el lector a su vez pueda contarlo.

2. La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada y si es inventada real.

3. El cuento debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.

4. La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto mejor. Si no logra ninguno de estos efectos no existe como cuento.

5. El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin ornamentos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.

6. El cuento debe sólo mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja.

7. El cuento admite todas las técnicas: diálogo, monólogo, narración pura y simple, epístola, informe, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresión oral.

8. El cuento debe partir de situaciones en las que el o los personajes viven un conflicto que los obliga a tomar una decisión que pone en juego su destino.

9. En el cuento no debe haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible.

10. El cuento debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado.

“La observación de este decálogo, como es de suponer, no garantiza la escritura de un buen cuento. Lo más aconsejable es transgredirlo regularmente, como yo mismo lo he hecho. O aún algo mejor: inventar un nuevo decálogo”, JULIO RAMON RIBEYRO.