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miércoles, agosto 13, 2008

EL CASTILLO DE PUNTA NEGRA

Este es el Castillo de Punta Negra, el espacio en el que tuve la suerte de pasar valiosos e inolvidables momentos de mi infancia y de mi juventud. Es imposible que esta vieja y excéntrica pieza de arquitectura, construida a lo largo de años a base de antigüedades e ideas que surgían en la mente de C.E.M. (entrañable ser humano cuyos hijos son más que amigos: primos, hermanos), no tenga un lugar privilegiado en mi banco de recuerdos.

Las historias que nadan en mi memoria dan de sobra para un libro de cuentos, quizá lo escriba más adelante. Los juegos eran muchos y sumamente divertidos. Recuerdo ahora las escondidas al anochecer y con las luces apagadas; o las veces que subíamos a la punta de la “torre reloj” para dejar caer globos de agua sobre los incautos peatones.

Lo cierto es que todo el mundo se moría por entrar al Castillo y, nosotros (el hijo menor de C.E.M. y yo), sentíamos el poder que ese espacio nos daba sobre todo aquel que llegara a Punta Negra. Así, hacíamos tours guiados a cambio de unas monedas y, ¡carajo!, ¡cómo inventábamos historias que contarles a los turistas! También, llevábamos grupos de chicas y mientras uno las paseaba, el otro se escondía para hacer ruidos y llenarlas de miedo.

Definitivamente el Castillo es uno de esos espacios interiores que de vez en cuanto lo toman todo por entero y me arrancan del mundo real.

Imagen: El castillo de los sueños, por JAG.

jueves, julio 17, 2008

MEMORIA DE BARRIO

Esta es una de las puertas del largo pasadizo de mi memoria. Por ella se entra a la urbanización Balconcillo, parte del populoso y pintoresco distrito de La Victoria. En él, pasé los primeros catorce años de mi vida. Por sus calles corrí hasta cansarme, jugué pelota, chanca la lata, canga, trompo, bolitas, hasta las luces y aprendí todas las cosas que un muchacho debe aprender en la calle para sobrevivir.

Todos los que han tenido un barrio saben lo que ello implica: personajes inolvidables, aventuras intensas, descubrimiento, complicidad, en otras palabras, un riquísimo álbum de vivencias.

A este barrio le he escrito una novela que será publicada el próximo año por Alfaguara Perú. Ahora, luego de cumplir mi deuda literaria con mi primer barrio, cumplo con mi deuda fotográfica.

Estas son sus calles tal y como permanecen en mi memoria.

PULSE AQUI, abra la puerta y pase adelante. Espero que disfrute el paseo.


IMAGEN: “Puerta”, Balconcillo, Lima-Perú, 2008, por JAG.

viernes, junio 27, 2008

PUCUSANA, AL SUR DE LIMA

Como en Punta Lobos no picaba ni un miserable borracho y mi hermano no quería que regresara a San Francisco sin haber pescado al menos un par de jureles, decidimos ir a Pucusana y alquilar un bote, cosa que, se supone, para la pesca no tiene pierde.

Llegamos a Pucusana, balneario popular, caleta de pescadores, tierra de abundantes perros chinos peruanos del Perú y calles angostas y polvorientas, a las diez de la mañana. Al instante los mecanismos del recuerdo se pusieron en marcha; todas las veces que había ido con la familia se empozaron en la memoria como nenúfares de luz.

Estacionamos el carro, bajamos, sacamos las cosas de la maletera y caminamos rumbo a los botes donde un viejo pescador no tardó en ofrecernos sus servicios. Mi hermano, “cancherazo”, le dijo al maestro; “Queremos que nos lleves a un lugar donde haya buena pesca, no queremos sacar huevaditas, queremos pescar algo bueno. Mira, si nos sacas bien, te vamos a dar una buena propina.”

Con esa promesa empezó nuestro viaje. El bote se internó treinta minutos hasta una playa desierta y rodeada de acantilados llamada “El Carbón”. El viejo pescador apagó el motor y lanzó la enorme piedra que fungía de ancla. “Aquí puede salir buena pintadilla”, acotó. Sacamos los cordeles, colocamos las carnadas y revoleamos. Pero nada había en, El Carbón, más allá de un cardumen de pescaditos insignificantes llamados “Conguitos”.

Como el pescador pensaba en nuestra petición y en la propina agregada, decidió llevarnos a otro sitio. Sin emabrgo, cuando levantó el ancla e intentó encender el motor, nada pasó. Una y otra vez intentó encenderlo, enroscaba la cuerda y tiraba con toda su fuerza, pero nada, solo un traqueteo perro y desesperanzador. Al octavo intento ya se veía la preocupación en el rostro del viejo. Felizmente, mi hermano había llevado su teléfono celular y el Pescador pudo llamar a su hijo para que viniera a remolcarnos.

Más de media hora después apareció el hijo y nos remolcó hasta la misma entrada de la bahía. Ahí cambiamos de botes y el hijo se fue remando a puerto, mientras el pescador nos llevaba a una punta rocosa donde los miserables “Conguitos” volvieron a atacar nuestros anzuelos con sus picadas risibles.

Cansados ya de tan poco éxito, dejamos que el pescador nos llevara a otro lugar donde dijo que podríamos sacar algunos jurelitos.

En realidad no pesqué nada interesante, tres cojudeces y una cuarta cojudecita, pero no me importó, el paseo, el tiempo compartido con mi hermano y el puñado de fotos que aquí les dejo, hicieron que todo valiera la pena.


AQUÍ EL SLIDE SHOW


IMAGEN: “Pescador remando”, Pucusana, Lima-Perú, 2008

miércoles, junio 25, 2008

PLAYAS DE CALIFORNIA

Desde niño mi relación con el mar ha sido estrecha y ha estado plagada de buenos momentos. Mi primera playa y la única, la insuperable es, Punta Negra, al sur de Lima. Ahí empezó este romance eterno con las olas, la arena, las rocas, las gaviotas y el olor sereno y salado de la tarde. Ahora vivó en el corazón de San Francisco, a diez minutos del océano Pacífico, y sueño con volver a Lima y comprarme una casita en Punta Negra, un lugar con vista a la playa El Revés, un espacio en el que hacerme viejo junto a mi mujer, escribiendo, tomando fotos y reencontrándome con mi niñez. Por lo pronto, los dejo con unas fotos de algunas playas de California.

AQUÍ EL SLIDE SHOW


IMAGEN: Niña con perros, Linda Mar Beach, Pacífica-California, 2007, por JAG.

miércoles, junio 18, 2008

PUNTA LOBOS, LA VIDA CONTINUA

Poco a poco las cosas van retomando en viejo orden. Las emociones se van adaptando a la nueva realidad. La ausencia es una presencia constante. Sobrevivir está en nuestra naturaleza. Continuar está en nuestra naturaleza. Sin embargo, en estos tiempos es poco lo que quiero escribir, estoy más del lado de lo visual. Es por eso que empezaré a compartir con ustedes mi trabajo fotográfico. Hoy quiero mostrarles unas fotos de Punta Lobos, una playa solitaria y extraña que se encuentra dentro de una base de la Fuerza Aérea, en Pucusana, al sur de Lima. En mi último paso por Lima, fui dos veces a Punta Lobos, fui con mis hermanos a pescar, pero no pescamos nada, solo me traje estas imágenes. Espero que las disfruten.

PUNTA LOBOS SLIDE SHOW

IMAGEN: Punta Lobos, Lima-Perú, 2008, por JAG

lunes, diciembre 17, 2007

DE REGRESO

Siempre regreso de Lima herido, desequilibrado, con hartos kilos de más. Es estupendo estar allá pero es trabajo duro recuperarse. El saldo del viaje a pesar de todos los estragos ha sido positivo. Espero en los próximos días poder regalarles algunas croniquillas y otras tantas fotografías. Por lo pronto, necesito cama.


IMAGEN: “Niño en la Costanera”, fotgrafía por JAG

lunes, diciembre 03, 2007

LIMA HASTA EL MOMENTO

Lima siempre me trata con esa intensidad que me aterra pero que no puedo evitar. El calor pegajoso y húmedo no se ha manifestado con toda su fuerza hasta el momento. Las mañanas siguen recibiéndome grises y templaditas. Extraño a mi esposa. Ya debo haber engordado unos seis kilos pero todavía me cierran los pantalones. Me falta comer choncholí, esta noche me encargo de eso. Fui al taco con un amigo, empecé inspirado pero fui flor de un día, mi pata me dio duro. El viernes pasado conocí a varios escritores interesantes. Firme por primera vez unas ediciones piratas de Tres Días Para Mateo, eso fue emocionante. El miércoles me voy a Huancayo, me lleva la editorial para hacer unas presentaciones por allá. Regreso el jueves. Hace tanto tiempo que no voy a la sierra, la idea me emociona, espero que no me tumbe un sorochazo. El viernes me voy a Villa el Salvador para hacer otra presentación. He tomado hartas fotos. Cuando regrese a San Francisco colgaré algunas. La comida peruana no sale de mi cabeza. Hoy mi viejita me cocina unos tallarines verdes que me tienen mismo perro de Pavlov.

martes, abril 04, 2006

ARKIV: NOSTALGIA GENERACIONAL Y MAS


Vaya si es cierto que un escritor necesita investigar, buscar información que le permita recrear un universo ficcional que sea verosímil para el lector al menos durante el proceso de la lectura. En ese sentido, las bibliotecas y los grandes archivos ahora se dan la mano con los grandes buscadores del ciberespacio como Google por ejemplo. Antes de saber que libros o que información específica buscar, siempre es bueno darse una pasadita por el buscador, digitar la frase precisa o el nombre y en el acto se despliega la información que estamos buscando. Es realmente fantástico, no lo nieguen.

Ahora, es también estupendo, al menos para mí, no sé si para los otros, el maravilloso acto de sentarse con los amigos y conversar durante horas de los recuerdos comunes, los que marcaron nuestra generación: dulces, música, comerciales de televisión, series, novelas, personajes, etc. Y la sensación interminable de una nostalgia dulzona y triste nos embarga a pesar de la emoción y las risas que le siguen a cada recuerdo que cae sobre la mesa.

En una de esas búsquedas frenéticas en las que se navega un poco a la deriva por el mar infinito y caótico de la red, encontré la página peruana de ARKIV y, Dios santo, me pegué un viaje retrospectivo de antología, todos los recuerdos de nuestra generación y de otras un poco más entraditas en años se encuentran en esta página cuya existencia agradezco desde lo más hondo. Uno descubre maravillado, a través de cada click, cosas que prácticamente se habían perdido en los vericuetos de la memoria.

Los invito a visitar la página de ARKIV y a viajar en el tiempo:
www.arkivperu.com

Disfruten del paseo.


IMAGEN: fotomotaje por JAG.

miércoles, enero 11, 2006

ASI CONOCI A JORGE ESLAVA

He venido a Lima por tres semanas. Sentado en un café miro a la gente pasar, sacó mi cuaderno, enciendo un cigarro y recuerdo como conocí a Jorge Eslava. Fue hace tanto tiempo. Me sorprendo aún ante los espacios purísimos de la memoria y la forma en la que los recuerdos se manifiestan.
Fue un viaje largo. Vivía en el segundo piso de un edificio de departamentos. Era invierno. La niebla atravesaba las discretas calles y limpias de La Punta. El poeta nos recibió con una chompa negra de cuello alto. Recuerdo colores marinos en su departamento. Celestes y blancos. Recuerdo también, un grupo de juguetes de plástico en una esquina de la sala y a una niña rubia que atravesó el espacio corriendo. No saludó con mucha cortesía. Le preguntamos, como siempre hacíamos antes de hacer una entrevista, en dónde quería que nos ubicáramos. Nos dijo que tenía un bote y que le gustaría la entrevista fuera ahí. La idea nos entusiasmo desde el principio. Jorge Eslava fue el único de todos los poetas que entrevistamos que nos ofreció un espacio muy estimulante a nivel visual, un espacio mas allá del enorme lugar común en el que se había convertido, para nosotros, el estudio de un poeta.
Subimos al pequeño bote blanco. Después de mojarme los zapatos en el proceso, me ubiqué con la cámara frente al Eslava que, con calma infinita, empezó a llevarnos mar adentro. Los remos cortaban con suavidad la calma superficie del mar de la Punta. Él transmitía calma, tranquilidad, paciencia acumulada a través del conocimiento. Sus gestos, sus movimientos, la cabeza siempre inclinada ligeramente hacia la derecha, los lentes oscuros, la voz articulada de un poeta verdadero.
Nos habló de su breve pero basta experiencia, de sus poemarios, de sus premios, de sus influencias, de su pasión por Kavafis y por Pavese, de su trabajo como editor. Fue una sesión inolvidable. Creo que ese fue uno de los vídeos más logrados de aquel encuentro.
El día de la presentación nos enteramos de que el poeta se iba a Portugal para continuar con sus estudios. Después del evento, me acerqué tímido a Eslava y le deseé buen viaje. Ninguno de los dos pudo imaginar que el destino nos deparaba otro encuentro.
Cuando pienso en el azar, Luciana, pienso
en tu sueño y en el mío, en la estación que va delante
de los cuerpos, en el aire de mañana, en el agua
que discurre ciegamente, en el fuego
que destruye, en la luz que mi palabra no alcanza.
Jorge Eslava Calvo
Poema de "Voces": Breve colección publicada en "Lienzo 10"
NOTA: Estar en Lima por sólo tres semanas me impide mantener la constancia en el blog, pero haré lo posible por continuar al mismo ritmo.

jueves, enero 05, 2006

ASI CONOCI A MONTSERRAT ALVAREZ

Rara. Esa es la palabra que me viene a la mente cuando pienso en nuestro encuentro y cuando pienso en ella misma. Rara. Rara.
Nos encontramos en el parque de al Reserva a la espalda del Estadio Nacional. Vestía de negro, llevaba el pelo amarradísimo y las entradas de la frente afeitadas para formar una “V” precisa como la del mejor vampiro posmoderno. El maquillaje era intenso, sobre todo el rojo fuego de los labios. Pero nada era más intenso en ella que sus ojos. Una mirada que albergaba las emociones reunidas más intensas que yo haya podido ver en mi vida. Odio, desprecio, arrogancia, rabia profunda con el otro, contra cualquiera. Su retrato bien hubiera podido ser la caratula de su poemario “Zona Dark”. Fue tan fuerte la impresión que tuve ante su presencia que no logro recordar nuestra conversación. Sólo eso recuerdo. Su rostro, su mirada derritiendo los cristales de los anteojos enormes. Y, también, es cierto, recuerdo su voz nerviosa y acelerada. Hablaba como renegando, sus palabras parecían apresurarse por saltar al vacío. Eso es, las palabras no salían de su boca si no que saltaban al vacío, se suicidaban. Llegué a preguntarme si Montserrat había escrito “Zona Dark” o si “Zona Dark” había escrito a Montserrat. Todo en ella parecía haber sido elaborado con mucha calma y premeditación. Sin embargo, debido a mi experiencia acumulada en el arte de leer personas, creo, sin temor a equivocarme, que Montserrat no era esa vampiresa corrosiva que conocí esa tarde de 1991 en el parque de la Reserva, si no, más bien, un conejito timorato, asustadizo, golpeado por el látigo inconmensurable de los días. O quizá ni lo uno ni lo otro. O quizá, ambas conviviendo, disputándose palmo a palmo el espacio blanco de su cuerpo. Quizá sí. Quizá eso. Una versión posmoderna, española-peruana-paraguaya de Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Montserrat Alvarez en mi memoria es el misterio.

TAN RESPETABLE
Y por qué, pacíficamente,
Fumo mi cigarrillo barato
Sentada sobre el mundo gordo y tedioso
En lugar de matar a mi prójimo
Y por qué no asalto un banco
Y quemo toda la plata
En vez de roer la uñas
De la cobardía
Y por qué no lluevo sangre sobre el cosmos
Para instaurar el caos nuevamente
Y devolver a las cosas la pátina de lo nuevo

Montserrat Alvarez

lunes, enero 02, 2006

LA PRESENTACION DE CISNEROS (continuación de: Así conocí a Antonio Cisneros)

Siempre llegábamos con las justas. Todos los que trabajan en audiovisuales saben que el tiempo es siempre el peor enemigo. Ese martes llegamos tres minutos antes de la hora y nos dimos con la sorpresa de que Cisneros no había llegado. Pasamos unos momentos terribles de espera e incertidumbre. Todo estaba fuera de nuestro control. Felizmente, a las siete y cinco de la noche, cuando los murmullos impacientes del público empezaban a enloquecernos, el poeta llegó. Cuando me acerqué a saludarlo sentí el tremendo olor a alcohol. Aquello no me molestó para nada. Este post no pretende nada más que narrar una anécdota real. Después de todo, todo ser humano carga con sus vicios a cuestas y, un poeta, es siempre un poeta.
Se sentó a la mesa junto con los otros tres escritores que lo acompañarían esa noche. La sesión transcurrió sin problemas. Cisneros deslumbró con su facilidad de palabra y su elocuencia.
La anécdota en cuestión ocurrió después, cuando con los miembros del grupo y los poetas decidimos ir a tomar un trago.
-Vamos al Haití –sugirió Cisneros y todos estuvimos de acuerdo. Guardamos los equipos y cuando salíamos del ICPNA, Cisneros nos dijo que lo esperáramos en la puerta, que iba a buscar su carro y regresaba para llevar a unos cuantos.
Lo esperamos varios minutos, bastante más de lo normal. Y cuando ya empezábamos a pensar que nos había plantado, el poeta apareció calle abajo muy orondo con un cigarro entre los labios:
-Carajo, muchachos, creo que he perdido mi carro –dijo.
-¿Pero dónde lo dejaste? –Le preguntamos.
-Yo pensaba que aquí a la vuelta, pero no está.
-¿Qué carro tienes?
-Un escarabajo rojo.
Por más que lo buscamos en los alrededores no lo pudimos encontrar. Y cuando ya todos empezábamos a barajar la idea de que se lo habían robado, el autor de Las inmensas preguntas celestes, nos dijo muy suelto de huesos:
-Ya no se preocupen, muchachos, no es la primera vez que me sucede. Vamos en un taxi. Ya mañana lo buscaré.
Efectivamente, después me llegó la noticia de que, al día siguiente, ya sobrio, Cisneros regresó a la zona en su bicicleta y lo encontró.
Creo que sólo un poeta es capaz de perder su auto con frecuencia.

domingo, enero 01, 2006

ASI CONOCI A ANTONIO CISNEROS

Cuando bajamos del auto olía a mar. El poeta vivía a poquísimas cuadras del malecón Cisneros que, como era de esperarse, había sido pariente suyo. Tocamos el timbre y esperamos con mucha ansiedad. Nos abrió la puerta, Soledad, en ese entonces todavía una adolescente bella de largos cabellos negros y lacios. La seguimos por unas escaleras angostas y entramos al departamento. Un duplex de espacios amplios y colores oscuros, con un balcón que estaba con las puertas abiertas y que dejaba que la brisa y la niebla se confundieran con el humo del tabaco.
Cisneros estaba sentado en un sillón. Fumaba. Al vernos se puso de pie para saludarnos. Era alto, altísimo. Sus brazos y sus piernas se estiraban con exageración. El pelo ondulado dejaba ver las primeras vetas grises de la madurez. Las bolsas se inflaban prominentes bajo los ojos saltones de batracio viejo y sabio. Se volvió a sentar, cruzó las piernas y esperó con clama a que termináramos de preparar los equipos para la entrevista.
Yo lo observaba de reojo. Ese era el gran Antonio Cisneros, el de los mil premios, el precoz, el heredero de la tradición inglesa, el de la higuera, el oso hormiguero, el campo de golf, el perro negro y el prado verde.
Su voz estaba rajada por el alcohol y el tabaco, y tenía un tono extraño mezcla de intelectualidad y de calle. Resultaba fascinante escucharlo narrar sus anécdotas y sus aventuras que parecían ser infinitas. El ambiente era llenado por Cisneros íntegro. Fumaba mucho y de tal manera que podía provocar hasta a los no fumadores.
Habló de su fascinación por el mar, de su infancia en Punta Negra, cosa esta que me causó gracia porque yo también había crecido en aquel balneario fabuloso. Por momentos me daba la impresión de que no era capaz de controlar el ego desmedido que en él habitaba. Quedaba claro, al menos para mí, que se sentía el poeta vivo más importante del Perú. Y eso, de alguna manera, me molestaba un poquito.
Sin embargo, antes de terminar la entrevista nos contó que cada vez le resultaba más difícil escribir. La poesía se rehusaba a él, lo estaba dejando o sería quizá que con los años se había vuelto más exigente con su trabajo. No lo sé.
Confieso que, antes de ese encuentro, su trabajo no me llenaba mucho. Su lectura me dejaba insatisfecho. Pero una vez que lo escuché recitar, una nueva dimensión de su palabra se abrió ante mí, y caí rendido ante la fuerza de su discurso. No hay duda de que la poesía está hecha para leerse en voz alta.
Cuando terminó la entrevista, mientras bajábamos las escaleras, vimos la bicicleta con la que junto a Ribeyro y a sus otros amigos recorría las calles de Lima una vez por semana. Entonces sentí envidia, si algo me hubiera gustado en esta visa, es tener la oportunidad de montar bicicleta con el maestro de la Palabra del Mudo.

ORACION
Qué duro es, Padre mío, escribir del lado de los vientos,
tan presto como estoy a maldecir y ronco para el canto.
Cómo hablar del amor, de las colinas blandas de tu Reino,
Si habito como un gato en una estaca rodeado por las aguas.
Cómo decirle pelo al pelo
Diente al diente
Rabo al rabo
Y no nombrar la rata.

Antonio Cisneros
Poema de: El libro de Dios y de los Húngaros


NOTA: El día Antonio Cisneros se presentó en el recital del ICPNA, ocurrió una anécdota sumamente curiosa que será motivo de otro post. Eso creo. FELIZ AÑO
.

martes, diciembre 27, 2005

ASI CONOCI A ROSELLA DI PAOLO

Llegamos a tiempo. Vivía en un departamento muy cerca de la avenida Pezet. En un segundo piso. Nunca entramos a su estudio. Nos recibió en la pequeña sala comedor. El departamento era bastante acogedor. Decorado con colores calidos. Recuerdo un amarillo ocre en las paredes, una silueta humana en la puerta que llevaba a la cocina y plantas por doquier. Todo estaba muy limpio. Casi llegué a pensar que lo había limpiado todo al detalle preparándose para nuestra llegada. Después supe que eso no era cierto.
Se le veía bastante nerviosa. Jugaba constantemente con los dedos largos y delgados. Hablaba muy rápido con esa voz fina y curtida de una profesora precoz. La piel blanca como el marfil contrastaba con la chompa roja. El pelo negro y ondulado caía sobre los hombros. El rostro de ángulos definidos contenía una expresión bella e intensa. Los labios eran delgados y los ojos grandes, de mirada penetrante y cálida. Con el transcurrir de la conversación descubrí que no estaba nerviosa si no que ella era así. Frágil e inquieta como un colibrí.
Nos contó que la escritura había estado con ella desde siempre. Que a los ocho años ya escribía cuentos y que creaba locos argumentos para sus títeres adorados. Yo podía visualizarla con rotunda claridad en aquellos años primeros. La veía con su mirada de niña traviesa hablando hasta por los codos mientras movía con mucha habilidad sus títeres de papel maché.
La poesía llegó después. Se posó en su cuerpo durante la adolescencia y desde entonces habitó en ella. Así como suele pasar con casi todos los poetas.
Con risas y ansiedad doble, habló de su trabajo de maestra, de las infinitas horas de corrección, de lo intenso del acto educativo y todo lo que ello conlleva.
Nos fue muy fácil entrar en un estado de confianza y proximidad. Al caer la tarde llegó Henry, el hombre que a ella le gustaba tanto como los choclos, al que ella había llamado rey en uno de sus poemas. Y, he de decir que efectivamente Henry tenía las barbas amarillas como los choclos.
Antes de despedirnos, Rosella nos obsequió a cada uno un ejemplar de “Continuidad de los cuadros”. La dedicatoria es, sin duda alguna, una de las más hermosas que he recibido:
A José
en esta tarde
de conversación,
imágenes
y afecto común
por la poesía
que traemos
entre manos
Gracias
Rosella
21/IX/91

ENTOMOTEOLOGIA

Tu ángel de la guarda está contigo
te mira vigilante y salivando
frotándose las patas con las alas.

Rosella di Paolo
Poema de: Continuidad de los cuadros

sábado, diciembre 24, 2005

ASI CONOCI A MARCO MARTOS

Dimos varias vueltas por las laberínticas calles de la Capullana antes de dar con la casa. Vivía en una esquina muy cerca a una cancha de fulbito en la que yo había jugado partidos memorables sin saber que el poeta estaba ahí no más, escribiendo algún poema mientras yo defendía mi arco con locura.
Él nos abrió la puerta. Blanco, alto, con el pelo negro, los ojos achinados y unos lentes de montura negra que cada cierto tiempo acomodaba con el dedo índice sobre el caballete de la nariz. Sus movimientos eran lentos, elegantes. Nos saludó con un aire de prestancia que emergía natural de sus maneras. Entramos y lo seguimos hasta el último cuarto del segundo piso en donde se encontraba su estudio. Era un cuarto amplio, rectangular, abarrotado de libros, papeles y objetos de todo tipo. Olía a naftalina, a papeles viejos, a polvo acumulado en las palabras. Sobre el escritorio descansaba la máquina de escribir con una cuartilla en blanco que parecía esperar ansiosa por él. En el centro de la habitación, sobre el suelo de parquet, había un colchón viejo y pelado en el que según nos lo dijo, dormía un poco durante sus largas sesiones de trabajo.
Hablamos de sus influencias, de cómo su amor por la literatura se había manifestado desde muy temprano en su vida, de su pasión loca por el ajedrez tan presente en su obra. Su voz era un poco ronca, gutural, cálida, agradable. Pasamos dos horas en su refugio. Me fascinó el caos espacial de su proceso creativo. Se notaba con absoluta claridad que se trataba de un hombre honesto, enamorado de su trabajo, cargado de lecturas y de conocimiento acumulado.
Al terminar nuestra entrevista nos regalo a cada uno una copia firmada de su pequeño libro “Carpe diem - el silbo de los aires amorosos”.
Ahora, busco el libro en mi biblioteca y leo la dedicatoria escueta escrita en tinta azul y letra imprenta: Para José Antonio Galloso, con el saludo de Marco Martos 8-9-91, Y me emociono.

RITO
Hoy, ayer y mañana, hoy, en este instante,
en el punto inmóvil donde todo y nada sucede,
para purificar el dialecto de la tribu
colocando cada palabra en su lugar
habla la poesía, habla poco, cumpliendo
su obligación, y sin que nadie la invente,
esparza o desordene, evidencia el orden
y desorden de la vida, orden y desorden y furor.
Y para que la tribu quede contenta
usa palabras del lenguaje de hoy
pues las palabras del año pasado
pertenecen al lenguaje del año pasado
y las palabras del próximo año
esperan otra voz. Y en el punto inmóvil
donde todo y nada sucede, esa voz es esta voz.

Marco Matos
Poema de: Carpe diem – el silbo de los aires amorosos

Nota: sé que el señor Marco Aurelio Denegri diría renegando que se debe decir futbolito y no fulbito, pero quién diablos va a usar esa palabra. Yo creo que el señor Denegri nunca a jugado un buen partido de fulbito.

viernes, diciembre 23, 2005

ASI CONOCI A CARLOS GERMAN BELLI

Doblamos a la izquierda en una de las bocacalles de la avenida Aramburú. Nunca me imaginé que un poeta como él pudiera vivir en un barrio como ese. Clase media alta, muy tranquilo, silencioso. Es increíble la cantidad de ideas que uno puede tener de los escritores cuando se está en el colegio y no se tiene buenos referentes. Yo pensaba, como muchos, que todos los escritores eran unos viejitos aburridos súper pobres, o que ya estaban muertos y enterrados por los siglos.
Nos detuvimos frente a una casa de dos pisos, con garaje. Me hizo recordar a mi propia casa. Tocamos el timbre y una señora delgada y distinguida nos abrió la puerta. Entramos a la sala y nos sentamos. Flaco, con una breve panza dibujándose sobre el cinturón, la calva ganando terreno, un pantalón plomo y una camisa celeste, Carlos Germán Belli no tardó mucho en bajar, saludarnos e invitarnos a subir a su estudio. Lo seguimos en silencio, con el respeto que se le debe tener a un gran poeta.
Entramos a un lugar impecable, con libreros discretos y un escritorio sumamente ordenado. El se sentó contra la ventana y nos dejó interrogarlo. Su voz era muy extraña, fina, aguda, temblorosa, pero al mismo tiempo sería y pausada, repleta de sabiduría. Nos habló de la muerte próxima, de la soledad, de la partida de sus hijas al extranjero, cosa esta última que era más que evidente no había podido superar. Nos enseñó fotos y nos contó la historia completa de sus vidas. Me resultó tan extraño verlo así, cansado de la vida, triste, listo para rendirse, como si en el fondo ya nada le importara. Nos habló luego, con los ojos iluminados por la luz del recuerdo, de sus años de juventud, de su trabajo burocrático, de las horas que se pasaba en la biblioteca nacional leyendo y releyendo a los clásicos que tanto influenciaron su trabajo. Nos contó, a manera de revelación, que el Hada Cibernética era también su esposa querida.
Esa visita me dejó un hálito de tristeza grabado en la memoria. Tuve la clara impresión de que Carlos Germán Belli estaba esperando tranquilo por la llegada del hada de la muerte. Confieso que más de una vez tuve ganas de abrazarlo con ternura. De decirle, vamos viejo, la vida ha sido buena contigo.

Perdón, papá, mamá, porque mi yerro
cual cuna fue de vuestro ajeno daño
desde que por primera vez mi seso
entretejió la malla de los hechos,
con las torcidas sogas de la zaga,
donde cautivo yazgo hasta la muerte.

Carlos Germán Belli
Fragmento de: Sextina del mea culpa

jueves, diciembre 22, 2005

ASI CONOCI A... (presentación)



Corría el año de 1992 y con un grupo de amigos, un profesor de cuyo nombre no me quiero acordar, Javier Monroy y el apoyo del Banco Continental, organizamos un encuentro de poesía y vídeo llamado: PALABRA, PERMANECIA Y MOVIMIENTO en el ICPNA de Miraflores. Logramos reunir a los 40 poetas más importantes del momento, a los que tuvimos la suerte de entrevistar y, no sólo eso, si no que, además, tuvimos la suerte de experimentar con sus poemas al tener que llevarlos a la imagen. Fue una experiencia intensa de creatividad contrareloj. Para mí, que tenía tan sólo 18 años, fue un regalo de la vida. Meter las narices en las casas de mis poetas favoritos, estrecharles las manos, hacerles preguntas, recibir sus libros dedicados, adentrarme en sus laberintos verbales. Definitivamente fue una vivencia que marcó mi vida. Es por eso que, en las siguientes publicaciones, trataré de recordar algunos de aquellos encuentros. Y, por qué no, otros que no tengan que ver con dicho evento.