jueves, diciembre 22, 2005

EL SUEÑO

No es una empresa fácil la del sueño celeste de la mañana. Levantarse cada día con la rosa entre los dientes. Gotear en rojo sobre la blanca página por el puro placer de entregarse. Es difícil el sueño perdido por buscarlo. Los corredores alternos de la vida. Las sonrisas ocultas. La distancia entre la luna y cada hombre de la tierra. Ir tras el sueño implica distancias inconmensurables en relación a cada hombre de la tierra. Laberintos ineludibles. Barracones oscuros e infinitos. Miradas extraviadas en la inmensidad vacía del vacío. Y armas. Y flores. Y muertes provocadas por la indiferencia. Y ausencia de amor. Y presencia de hambre. Y catapultas de sueños trabajando incansables en las urbes. No es fácil abrir los ojos a la mañana siempre gris y descubrir que el sueño no se encuentra en la oficina. En el tráfico denso y preocupante de minutos atrasados. En la usurpación de los bienes primordiales del alma. En la extirpación de las necesidades primarias. En la mutilación de los órganos sensibles. En el latigazo sin fin de la conciencia que nos hace remontar una y otra vez la misma calle rumbo a la oficina. No es fácil pues perseguir el sueño celeste de la mañana. Levantarse cada día dispuesto a caminar contra las corrientes caprichosas de los hombres. Decir esta boca es mía lo mismo que las manos y el corazón preparado para sufrir el hambre de la entrega. Es siempre mucho más fácil dejarse llevar. Olvidarse de los gritos imperiosos del alma. Desterrar el sueño de la entraña. Salir a comprar.