lunes, mayo 21, 2007

JOSE WATANABE ENTREVISTADO POR SANTIAGO RISSO

El poeta peruano Santiago Risso, me ha permitido publicar esta entrevista al recientemente desaparecido José Watanabe, espero que la disfruten.




JOSÉ WATANABE: EL GUARDIÁN DEL CIELO

Por: Santiago Risso

El día miércoles 25 de abril, a las 11.30 p.m. José Watanabe, "Wata", para los amigos "y vecinos", nacía a la inmortalidad, acompañando a sus referentes en el parnaso: Eielson, Eguren, Martín Adán. Vivía con dirección al mar, en la avenida Universitaria, cruce con Av. Lima, en San Miguel, lugar también otrora de residencia del Corregidor Adán Felipe Mejía. Nacido en Laredo, en 1946, de padre nipón y madre peruana, supo fundir la calma oriental y la picardía norteña en su sólida obra. Obtuvo el Premio Poeta Joven del Perú, compartido con Antonio Cillóniz en 1970, autor de los poemario Álbum de familia (1971), El huso de la palabra (1989), Historia natural (1994), Cosas del cuerpo (1999), Habitó entre nosotros (2002), La piedra alada (2005) y Banderas detrás de la niebla (2006). Además fue homenajeado en América y Europa, con las antologías de su espléndida poesía: Path through the Canefields (Londres, 1997), El guardián del hielo (Bogotá, 2000), Elogio del refrenamiento (Sevilla, 2003) y Lo que queda (Caracas, 2005). También fue guionista en películas peruanas como Maruja en el infierno, La ciudad y los perros, Ojos de perro, Alias La Gringa, Reportaje a la muerte, y dramaturgo con su versión libre de Antígona, para Yuyachkani; además de autor de un puñado de narraciones para niños. Fueron pocos y a la vez varios los encuentros que tuve con "Wata": vecino en San Miguel visité su casa en algunas ocasiones; lo encontré en la filmación de Reportaje a la muerte (donde a mi vergüenza tuve un pequeño papel), pero siempre su poesía al igual que los poetas referentes mencionados líneas atrás, siempre estuvo dentro del campo de mi predilección. Y allí están en mi memoria sus poemas: La mantis religiosa, El lenguado, la risa, El maestro de kung fu, la turbia, el guardián del hielo... Y traigo a colación fragmentos de una entrevista que le hice en la revista Palabra en Libertad # 3 el año 1999. Mejor leamos las sabias respuestas del vecino maestro, y después su poema El guardián del hielo:

¿Qué influencia japonesa hay en ti?

Mi padre me leía haikus en el corral de mi casa de Laredo, él los traducía para mí. Allí empecé a tener interés por la poesía. Pero también por el lenguaje que me inculcó. Mi padre, por la guerra, tuvo que huir, refugiarse en una hacienda azucarera, que es donde yo acabo naciendo casi después de terminada la guerra. Él, refugiado en Laredo, finge no ser japonés sino nisei (hijo de japonés) y se pone como apellido materno Sánchez. Para que la mentira sea completa tenía que exigirse hablar bien el castellano. Se le quedó la manía gramática, nos exigía a nosotros, sus hijos, que hablemos bien. Nos corregía tanto el lenguaje que terminó gustándole el castellano.

¿Cuáles son los poetas que frecuentemente lees?

Por temporadas releo a Droumond de Andrade. Casi siempre a Vallejo (necesario cuando estoy "palteado"), leo a Eugenio Montale, haikus (los escribo pero nunca publico), Eliot, Saint-John Perse, Rilke, bueno pero no quiero darte una relación que parezca pedante o solemne de poetas, es por temporadas.

Expresas aparente parquedad, pero se trastoca totalmente al hablar contigo. Eres un gran conversador...

Me gusta conversar mucho. Washington Delgado me dijo: "No necesariamente nos parecemos a nuestros poemas. Hay aspectos de la persona que aparecen y otros no". Ello lo comentaba a propósito de Juan Gonzalo Rose. Es un gran lírico, en su poesía hay poco humor. Fui muy amigo de Rose, él era un gran contador de chistes, tenía aquel humor de palomilla de esquina, no sutil ni poético. Creo que la parte de mí que aparece en mis textos es un poco el reservado, el discreto, el que escribe una poesía que intenta ser sentenciosa, reflexiva. La otra parte es que me encanta hablar mucho a veces.

¿Cuál es tu poema que más recuerdas, el "hijo" que más quieres?

Es difícil decirlo... hay un poema de mi primer libro, dedicado a Lorenzo Ozores, se titula "Los amigos", es el único poema en mi vida que me salió de un tirón. Le tengo un poco de aprecio por eso. Me hubiera gustado que así sea la escritura, que salga de frente y no tenga que corregir demasiado. Me cuesta escribir un poema.

¿Qué te falta hacer en la vida?

Me gustaría tener una tranquilidad económica, no vivir como vivimos casi todos los peruanos, con angustia permanente a fin de mes. No abundante dinero, pero sí un sueldo honorable, no puedo pedir lo que otros peruanos tampoco tienen. También escribir más libros de poemas, soy consciente que he escrito poco, y por ello tengo algo de angustia.

¿Algún deseo o algo que añadir?

No quiero que eso volátil, esa mariposa se esfume, deseo quede impresa en el papel. No porque la cazó José Watanabe, sino la cazó alguien. Mi poema "El anónimo", del libro El huso de la palabra, trata de alguien sentado en la cornisa de un cerro que deja caer una piedra. Él siente que no la arrojó sino que la piedra fue hacia abajo convocada por otra fuerza. Todo hombre que hace algo está cumpliendo con todos; si yo escribo un poema y cazo la mariposa, y la pongo en el papel, estoy cumpliendo no con José Watanabe sino con Santiago Risso, y con toda la gente que algún día leerá ese poema y dirá: "qué bien atrapó la mariposa y la puso en el papel". Ahora entiendo que esa es la función social del escritor.

El guardián del hielo

de José Watanabe (1946-2007)


Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.

Oh cuidar lo fugaz bajo el sol...

El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil.
Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza
de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.

No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
yo soy el guardián del hielo.



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